jueves, 27 de enero de 2011

11. LA TIPICIDAD.

LA TIPICIDAD.

En la clase de hoy y en las de las próximas cuatro semanas, nos ocuparemos del primero de los componentes del delito: la tipicidad.

Ya habíamos dicho que lo primero que el juzgador o el intérprete debe analizar es si se produjo una conducta que generó un resultado y si entre ésta y aquel hay un nexo de causalidad. Lo que debemos comprobar ahora es si esa conducta es típica de un hecho punible.

La tipicidad es la característica resultante de confrontar el actuar humano con las prohibiciones o mandatos consignados por el legislador en el texto legal.

El tipo penal es la descripción de la conducta hecha por el legislador, frecuentemente en la parte especial del Código Penal o en las leyes penales complementarias, de un supuesto de hecho al cual se le impone una sanción penal.

Para entender en qué consiste la tipicidad, analicemos la definición que sobre el tema trae Zaffaroni, ya que estamos convencidos que una de las formas de aproximarnos a un concepto es entender su definición. Para el tratadista italiano, la tipicidad debe entenderse como “el instrumento legal, lógicamente necesario y de naturaleza predominantemente conceptiva que tiene por función la individualización de conductas humanas penalmente prohibidas o mandadas”.

Debe ser un “instrumento legal”, ya que el tipo pertenece al texto legal en donde se encuentran sus diferentes especies, es pues, un dispositivo plasmado en la ley. Al respecto es suficiente con mirar cada uno de los títulos y capítulos de la Ley 599 de 2000, en donde el legislador plasma una serie de conductas (mandadas por demás) que corresponden a cada uno de los bienes jurídicos tutelados. Así por ejemplo, la violencia intrafamiliar (art. 229) corresponde al bien jurídico tutelado de “La Familia”; el turismo sexual (art. 219) a la “Libertad, Integridad y Formación Sexuales”; la omisión de socorro (art. 131) a la “Vida y la Integridad Personal”.

Debe ser “lógicamente necesario” (ese instrumento) porque para saber si una conducta es delictuosa no se puede prescindir del tipo; así las cosas, la tipicidad refuerza el famoso aforismo de que “lo que no está expresamente prohibido está tácitamente permitido”.

Ese instrumento también debe tener una naturaleza predominantemente descriptiva, porque a la hora de consignar el tipo, el legislador acude a palabras o a expresiones lingüísticas o a descripciones valiéndose de figuras lingüísticas que se perciben mediante los sentidos, como es el caso de matar para el homicidio (art. 103); arrebatar, sustraer, retener o ocultar en el secuestro (art. 168), causar daño en el cuerpo o en la salud para las lesiones (art. 111). El legislador a la hora de consignar el tipo también echa mano de juicios de valor de carácter jurídico, como en el caso de alimentos legalmente debidos para la inasistencia alimentaria (art. 233), documento público que pueda servir de prueba para la falsedad ideológica (art. 286), productos oficialmente considerados de primera necesidad para el acaparamiento (art. 297), que sea en actuación judicial o administrativa para el falso testimonio (art. 442), contrario a la ley para el tipo de prevaricato (art. 413); cosa mueble para el hurto (art. 239). En algunos casos el legislador suele acudir a juicios de valor de carácter extrajurídico, tal es el caso de las imputaciones deshonrosas para la injuria (art. 220), comercio carnal para la inducción a la prostitución (art. 213), y en algunos casos a elementos de índole puramente subjetivos, como sucede con el homicidio agravado por la sevicia (art. 104 num. 6º) o incluso el homicidio agravado por motivo abyecto o fútil (art. 104 num. 4º), el mantener en estado de zozobra para el tipo de terrorismo (art. 343).

Para terminar, el tipo penal debe tener por función la individualización de conductas humanas, ya que es el encargado de otorgar relevancia penal a los diferentes comportamientos valorados de manera negativa por el legislador.

La tipicidad, entonces, es la peculiaridad presentada por una conducta en razón de su coincidencia o adecuación a las características imaginadas por el legislador, es la adecuación típica de la conducta, la resultante afirmativa del juicio de tipicidad.

Entendemos por juicio de tipicidad la valoración que se hace con miras a determinar si la conducta objeto de examen coincide o no con la descripción típica contenida en la ley; es la operación mental llevada a cabo por el intérprete o por el juez, mediante la cual se constata o verifica la concordancia entre el comportamiento estudiado y el texto legal. De lo que se trata en el juicio de tipicidad es de averiguar sobre una determinada conducta para saber si se presentan los caracteres imaginados por el legislador para predicar de ella tipicidad o en caso contrario atipicidad.

Por ejemplo si estamos analizando la conducta de A por sustraer del comercio un determinado artículo o producto, se debe tener muy claro para predicar la tipicidad de la conducta de acaparamiento que el producto acaparado o sustraído del comercio sea oficialmente considerado de primera necesidad y que además la cuantía de lo acaparado sea superior a 50 salarios mínimos legales mensuales vigentes, de lo contrario la conducta realizada por A es atípica de delito de acaparamiento (art. 297).

Analicemos enseguida las principales funciones del tipo penal, esto es, sus tareas, sus cometidos: en primer lugar, el tipo cumple una función garantizadora, esto es, es la garantía jurídico-política que dota de seguridad jurídica al ciudadano, es una garantía de libertad, que se obtiene con desarrollo del principio de legalidad. El tipo penal cumple una función garantizadora cuando apunta a la protección de los bienes jurídicos más importantes y es, además, una garantía sustantiva, procesal y de ejecución penal.

En segundo lugar, el tipo cumple una función fundamentadora, ya que como dice Cousiño “los tipos están empapados de antijuridicidad”. El tipo es el presupuesto de ilicitud, dado que una conducta no puede ser calificada como punible mientras el legislador no la haya descrito y conminado previamente con una sanción penal. El tipo es el fundamento de ilicitud.

En tercer lugar, el tipo también cumple una función sistematizadora, ya que enlaza la parte especial y la parte general del Código Penal, es un puente de unión que nos permite realizar un estudio sistemático de las diversas figuras delictivas a partir de sus características peculiares. Así por ejemplo, cuando en la parte especial se habla de servidor público, debemos remitirnos al artículo 20 que se encuentra en la parte general del Código Penal o cuando en la parte especial se habla de modalidad culposa de la conducta (Arts. 400, 126, 109, 120), tenemos necesariamente que remitirnos al artículo 23, que define la culpa.

En cuarto lugar, el tipo tiene una función motivadora, ya que motiva al individuo a configurar su comportamiento de una determinada manera.

En quinto lugar tenemos la función valorativa del tipo que se da porque éste encierra una valoración respecto a los actos de los sujetos, implica necesariamente comprometer (obligar) al sujeto de una determinada sociedad con un determinado valor.

Por último, en sexto lugar, se dice que el tipo tiene una función indiciaria, ya que el tipo es el fundamento de cognición de la antijuridicidad, es indicio de ella. Cuando M. E. Mayer sostiene que los tipos son indicios de la antijuridicidad, como el humo y el fuego, está sentando los postulados de la teoría de la ratio cogniscendi, que sostiene que los tipos son sólo el material del cual se vale el legislador para hacer las normas jurídicas.

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